lunes, 10 de octubre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
De la crítica
Criticar es un acto es tan simple o complejo como realizar un examen y juicio acerca de alguien o algo y hacerlo público; es discernir sobre algo y difundir lo que se piensa.
Considero que el fin de criticar es lograr un cambio positivo o exponer los errores de una idea antes de que presenten, aportar soluciones a problemas o corregir defectos; esto porque ninguna idea por buena que sea es inmutable, siempre es perfectible.
Se deben criticar las ideas, pero no a las personas.
La crítica negativa es aquella que pretende culpabilizar o denostar a las personas. Son comentarios viscerales (dícese así porque sale de los intestinos, extraño lugar para hacer un razonamiento) cuyo único fin es agredir.
Estas críticas son práctica común en las redes sociales; en la política local y nacional es lamentable ver a sus actores abusando o sufriendo de ella.
Nuestra labor como ciudadanos es perfeccionar nuestras instituciones, por eso debemos criticar todas las acciones e instituciones públicas, pero la crítica debe ser reformista y siempre buscando mejorar lo existente; destruir dichas instituciones nunca será una solución, esto causa crisis política, desconfianza en los ciudadanos y retroceso social y económico.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Frenar a la rumorología agraviando la libertad de expresión
Las libertades se pierden entre aplausos
El pasado 30 de agosto, en periodo extraordinario, el Congreso de Tabasco aprobó entre otros temas adicionar el artículo 312 bis al Código Penal del Estado para tipificar las llamadas o avisos falsos a los servicios de alarma o emergencia, debido a que reportan altos índices de llamadas falsas.
Transcribo el artículo adicionado:
Artículo 312 bis A quien utilice el servicio telefónico o cualquier medio de comunicación masiva para dar aviso de alarma o emergencia falsa, provocando con ello la movilización o presencia de servicios de emergencia o cuerpos de seguridad pública, o provoque caos o inseguridad social, se impondrá prisión de seis meses a dos años y de cincuenta a trescientos días de multa
Estoy de acuerdo con sancionar las llamadas falsas a los servicios de emergencia, pero observo que el artículo va más allá de eso, existe la posibilidad de que coarte nuestra libertad de expresión.
Me explico para entenderme:
De la lectura del artículo se obtiene que quien utilice un medio de comunicación masiva, como lo son las redes sociales, correo electrónico, SMS, MMS, mensajes instantáneos y demás, para provocar caos o inseguridad social se impondrá prisión de 6 meses a 2 años y multa.
Es decir, nosotros los usuarios de redes sociales podemos ser denunciados, procesados y privados de la libertad por enviar un mensaje para convocar a actos públicos, exponer ideas, denunciar hechos, hacer críticas o comentarios contra instituciones o políticas públicas por esta vía, bajo el argumento que provocan caos o inseguridad social. Máxime que ni el código mencionado, ni el de procedimientos penales definen lo que debe entenderse por “provocar caos” o “inseguridad social” ¿Cómo saber cuándo se está en alguno de esos supuestos?
Esta oscuridad es grave porque corremos el riesgo de que la autoridad cometa excesos contra los usuarios de las redes sociales o de servicios de mensajería por telefonía celular.
Tomemos por ejemplo cualquier marcha convocada por algún grupo social (grupos en favor de la paz, maestros, transportistas, ambulantes, etcétera); el líder de aquel grupo convoca por Twitter a sus agremiados o simpatizantes a marchar y manifestarse, en contra de alguna política gubernamental o funcionario público, otros más piden sumarse al recorrido; si la autoridad lo requiere, este hecho puede encuadrarse en el artículo en comento.
El argumento para tomar estas medidas es controlar los rumores maliciosos creados en las redes sociales que atentan contra el orden público; desean acabar con la “rumorología”, esa palabra tan publicitada usada para referirse a cuentos infundados, así como para desdeñar cualquier expresión contraria a los discursos oficiales.
¿Cómo distinguir un rumor de un hecho cierto, un aviso preventivo ó una crítica? ¿Quién será el gran censor? Amordazar a los usuarios de las redes sociales o en el mejor de los casos, disuadirlos de expresarse acerca de la situación de inseguridad pública del estado por ejemplo, no es una solución.
Considero que un grupo de personas malintencionadas inventado rumores no causan caos o pánico en la población, pero el sentimiento de desamparo o de orden público mezclados con la ineficacia y corrupción policial, del Ministerio Público o de las autoridades judiciales, aterrorizan.
Las redes sociales ofrecen la posibilidad de filtrar información, podemos hacernos llegar solo de los temas que nos interesan y leer solo las fuentes que consideramos confiables o afines a nuestras ideas, nosotros escogemos que y a quien leer.
El estado parece menospreciar nuestra capacidad de discernir entre lo real y lo falso, suponen que pensamos “porque está en Twitter es verdad” y eso es tenernos por idiotas.
En cuanto al control de rumores propongo continuar incentivando a la población a identificar cuando algo es falso o no; solicitar a los dueños o administradores de las redes sociales que establezcan una edad mínima para ingresar y pedir como requisito para utilizar la totalidad de sus servicios una tarjeta de crédito como medio de identificación.
Las redes sociales son un medio de libre expresión de ideas y todas deben ser enunciadas por más radicales, inmorales, absurdas y cuestionables que puedan ser, yo decido cuales leer.
El pasado 30 de agosto, en periodo extraordinario, el Congreso de Tabasco aprobó entre otros temas adicionar el artículo 312 bis al Código Penal del Estado para tipificar las llamadas o avisos falsos a los servicios de alarma o emergencia, debido a que reportan altos índices de llamadas falsas.
Transcribo el artículo adicionado:
Artículo 312 bis A quien utilice el servicio telefónico o cualquier medio de comunicación masiva para dar aviso de alarma o emergencia falsa, provocando con ello la movilización o presencia de servicios de emergencia o cuerpos de seguridad pública, o provoque caos o inseguridad social, se impondrá prisión de seis meses a dos años y de cincuenta a trescientos días de multa
Estoy de acuerdo con sancionar las llamadas falsas a los servicios de emergencia, pero observo que el artículo va más allá de eso, existe la posibilidad de que coarte nuestra libertad de expresión.
Me explico para entenderme:
De la lectura del artículo se obtiene que quien utilice un medio de comunicación masiva, como lo son las redes sociales, correo electrónico, SMS, MMS, mensajes instantáneos y demás, para provocar caos o inseguridad social se impondrá prisión de 6 meses a 2 años y multa.
Es decir, nosotros los usuarios de redes sociales podemos ser denunciados, procesados y privados de la libertad por enviar un mensaje para convocar a actos públicos, exponer ideas, denunciar hechos, hacer críticas o comentarios contra instituciones o políticas públicas por esta vía, bajo el argumento que provocan caos o inseguridad social. Máxime que ni el código mencionado, ni el de procedimientos penales definen lo que debe entenderse por “provocar caos” o “inseguridad social” ¿Cómo saber cuándo se está en alguno de esos supuestos?
Esta oscuridad es grave porque corremos el riesgo de que la autoridad cometa excesos contra los usuarios de las redes sociales o de servicios de mensajería por telefonía celular.
Tomemos por ejemplo cualquier marcha convocada por algún grupo social (grupos en favor de la paz, maestros, transportistas, ambulantes, etcétera); el líder de aquel grupo convoca por Twitter a sus agremiados o simpatizantes a marchar y manifestarse, en contra de alguna política gubernamental o funcionario público, otros más piden sumarse al recorrido; si la autoridad lo requiere, este hecho puede encuadrarse en el artículo en comento.
El argumento para tomar estas medidas es controlar los rumores maliciosos creados en las redes sociales que atentan contra el orden público; desean acabar con la “rumorología”, esa palabra tan publicitada usada para referirse a cuentos infundados, así como para desdeñar cualquier expresión contraria a los discursos oficiales.
¿Cómo distinguir un rumor de un hecho cierto, un aviso preventivo ó una crítica? ¿Quién será el gran censor? Amordazar a los usuarios de las redes sociales o en el mejor de los casos, disuadirlos de expresarse acerca de la situación de inseguridad pública del estado por ejemplo, no es una solución.
Considero que un grupo de personas malintencionadas inventado rumores no causan caos o pánico en la población, pero el sentimiento de desamparo o de orden público mezclados con la ineficacia y corrupción policial, del Ministerio Público o de las autoridades judiciales, aterrorizan.
Las redes sociales ofrecen la posibilidad de filtrar información, podemos hacernos llegar solo de los temas que nos interesan y leer solo las fuentes que consideramos confiables o afines a nuestras ideas, nosotros escogemos que y a quien leer.
El estado parece menospreciar nuestra capacidad de discernir entre lo real y lo falso, suponen que pensamos “porque está en Twitter es verdad” y eso es tenernos por idiotas.
En cuanto al control de rumores propongo continuar incentivando a la población a identificar cuando algo es falso o no; solicitar a los dueños o administradores de las redes sociales que establezcan una edad mínima para ingresar y pedir como requisito para utilizar la totalidad de sus servicios una tarjeta de crédito como medio de identificación.
Las redes sociales son un medio de libre expresión de ideas y todas deben ser enunciadas por más radicales, inmorales, absurdas y cuestionables que puedan ser, yo decido cuales leer.
viernes, 26 de agosto de 2011
¿Consumes drogas? ¡Felicidades! ayudaste a matar un inocente
Dante tenía razón: el infierno es una espiral de círculos
en los cuales siempre se desciende.
26 de agosto de 2011.
en los cuales siempre se desciende.
El ataque al Casino Royal en Monterrey, Nuevo León es un hecho aterrador que marca al país; es una agresión inusitada cometida directamente contra la sociedad; hay 53 muertos al momento. La Presidencia de la República se convirtió en oficina de esquelas, condolencias y lamentos.
Hace apenas unos años me indignaba que desconocidos rompieran vidrios de bancos con petardos; no imaginaba que apenas recorríamos los primeros círculos de una espiral descendente que aún no muestra su fondo; después vinieron los ataques con granadas a la población en verbenas populares, los coches bomba, la ejecución de decenas de personas por negarse a las levas hechas por criminales, fosas llenas de cadáveres, tiroteos frente a escuelas y en estadios deportivos; y apenas ayer observamos la peor expresión de violencia y terrorismo hasta ahora, temo que lo peor está por venir.
Los que perpetran la violencia son los delincuentes, cuya máxima representación la encontramos en los narcotraficantes; pero son cómplices de ellos las instituciones públicas inoperantes y corruptas y nosotros mismos como sociedad.
Insisto en los que ejecutan los actos de la violencia son los delincuentes, pero los principales responsables del estado de terror en que nos encontramos son los consumidores ocasionales de drogas ilícitas.
Los drogadictos son enfermos dependientes, una minoría en un grupo mayor; el problema real son los consumidores ocasionales, esos que cada fin de semana por diversión compran estupefacientes financian directamente al narcotráfico; ellos son los responsables de la violencia y merecen la mayor condena social y sanción jurídica.
Facundo Cabral decía que la verdad y al culpable deben comenzar a buscarse dentro de uno mismo, el cambio pues debemos hacerlo nosotros, dejemos de practicar la corrupción, no participemos ni generemos violencia, paguemos impuestos, reflexionemos y hagámonos responsables de la elección de nuestros servidores públicos y vigilemos su actuación, no delincamos, no consumamos substancias prohibidas.
La paz social no se nos otorgará deseándola, enviando imágenes electrónicas, escribiendo u orando por ella, tenemos que construirla practicando valores éticos.
26 de agosto de 2011.
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